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Opinión: “los chabisques, motor de las fiestas”, artículo de Alberto Araiz publicado en Diario de Navarra

Artículo publicado el domingo por Alberto Araiz Vidaurre, director de Cope y Cadena 100 Estella, en su columna quincenal Bucle Estrella.
Los jóvenes, en general, no salen durante el día en fiestas. Es una evidencia. Los adultos preguntamos ¿por qué? Y, la chavalería responde ¿Para hacer qué? Sus fiestas se reducen a disfrutar de la noche, de empalmada, como decíamos antes, de gaupasa, como algunos le llaman ahora. Y se crea un círculo vicioso. Dedican el día a dormir y a descansar. ¿Cómo resolverlo? La primera reflexión mira hacia el pasado. Casi con toda probabilidad, las peñas nacieron de las cuadrillas de jóvenes, para organizar aquellos actos que demandaban sus asociados. También el programa incluye una serie de actos, a algunos se les apostilla como “de iniciativa popular”, que nacieron de la espontaneidad de los mozos en fiestas. Léase la Pañuelada, la Bajadica del Puy, el concurso de ajoarriero, la Bombada, la Cucaña acuática o la Bajadica del Che, verbigracia. La juventud ha sido el motor de la alegría a lo largo de los tiempos, durante los que han alimentado con sus propuestas el programa oficial. Durante las últimas décadas se asiste a un languidecer de esos festejos que no captan el interés de la mocina.
El acicate, el catalizador de las fiestas debe nacer desde abajo. No parece imposible. La juventud de Estella-Lizarra ha demostrado en los últimos años su capacidad organizativa. Como botón de muestra, las fiestas pequeñas de la Virgen del Puy. Este año han puesto en marcha un Grand Prix en la plaza de toros. Una competición con vaquillas, que ha despertado un notable interés entre las cuadrillas, incluso de otras localidades de la merindad, como debe ser en una ciudad cabecera de comarca. Por ese camino pueden llegar las actividades que rejuvenezcan las fiestas, y, por ende, que revitalicen esos días. El embrión para lograr que la mañana y tarde de esas jornadas tengan a los jóvenes en la calle, en mi modesta opinión, pasa por la implicación directa de ese sector de la población.
El punto de partida podrían ser los chabisques, un fenómeno sociológico muy extendido en la ciudad. A través de esos locales de ocio, ellos pueden formular las iniciativas que les interesan. En otras localidades de la vecina Comunidad Autónoma Vasca, son las cuadrillas, los blusas, los que se implican en la organización de una parte de las fiestas, con el respaldo de los ayuntamientos en la logística, aportando también los dinamizadores, los técnicos de juventud, y con una ayuda económica, en su caso. En ciudades de Vizcaya, por ejemplo, los propios jóvenes organizan una liga de actividades variadas, tanto deportivas (futbito, baloncesto, una contrarreloj en bici, goitiberas, carreras, etcétera), como culturales (caza del zorro, que en nuestro caso podría versar sobre la rica historia de la ciudad) y lúdicas (torneo de mus, concurso de tortilla de patatas, etcétera). Consiguen mantener vivos diversos espacios públicos, fomentar la relación entre los jóvenes y aportar otros valores a las fiestas. Un concepto más amplio que el de la litrona. Unos participan y otros animan. Todas las pruebas puntúan, y hay premios para cada una y para la general. Son ideas. ¿Extrapolables a Estella?
Para explorar este camino, se podría plantear que la cucaña acuática se enfocara por chabisques. O que se cierren las fiestas, con un concurso gastronómico sólo de jóvenes, con la condición de que luego cenen en la calle. Así nació el concurso de ajoarriero. Como no parece oportuno plantear, al estilo de Albert Rivera, que Peñaguda limite la participación a una determinada edad, dejaremos esa cita tal y como está. Aunque no estaría mal que los concursantes cenaran, como insinúan las bases, en cuadrillas al aire libre, en el marco festivo. Pero se puede sumar otro certamen juvenil. El Ayuntamiento dispone de los medios, como los hornillos. La imaginación se presta a otro tipo de festejos, como una bajada por el tramo urbano del río en piraguas o en artilugios flotantes. Lógicamente, deberían partir de los propios jóvenes. El coste podría ser ridículo. La calle se llenaría de gente durante el día. Aportaríamos, además, otros valores (deportivos, culturales y educativos) a los siete días más esperados del año, no sólo a sus noches. Los chabisques pasarían de ser un refugio a ser el motor de las fiestas. Una fórmula que se apoya en el programa oficial. La Administración local debe perfilar una oferta atractiva de espectáculos, también musicales.

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